En los pasillos de la Fortaleza Roja, el silencio nunca es vacío; es un ente que respira, cargado de secretos y el eco de antiguos dragones. Poniente se encuentra en un equilibrio precario, una paz de cristal que el Rey Viserys I sostiene con manos temblorosas mientras las facciones de su casa, los Negros y los Verdes, se observan con la fijeza de depredadores en una tregua forzada.
El asfalto se detuvo, pero el bosque siguió respirando. Elara Vance no llegó a este pueblo por error; llegó siguiendo los hilos invisibles de un mundo que se dobla sobre sí mismo. Al cruzar la linde, el GPS se volvió loco y el tiempo se congeló en un atardecer perpetuo. Frente a ella, un grupo de extraños la observa con una mezcla de lástima y terror. La campana de la iglesia tañe, pesada y lúgubre, anunciando que la luz se acaba. No es solo un pueblo; es una trampa de madera y sombras. Mientras
Tokio nunca duerme, pero esta noche, el silencio que envuelve a la metrópolis se siente pesado, casi sólido. Bajo las luces de neón de Shinjuku, el mundo de la hechicería se tambalea en el filo de una navaja. La era de paz impuesta por el apellido Gojo está mostrando sus primeras fisuras, y mientras Satoru se deleita en su papel de "El Más Fuerte", las sombras en los rincones del Jujutsu High se vuelven más largas y densas.