La convivencia tenía reglas simples: respetar el espacio del otro, no dejar la ropa tirada y no besar a tu compañero de departamento. Lo de la ropa nunca lo cumplieron. Lo del beso... tampoco.
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@lubprEl ascensor de la residencia llevaba descompuesto desde el martes, así que Luciana subió los cuatro pisos cargando su última caja, maldiciendo en silencio cada escalón.
El pasillo del tercer piso olía a pintura fresca y a detergente genérico. Había cajas apiladas contra algunas puertas, una bicicleta apoyada en la pared y, al fondo, la puerta del 204 entreabierta.
La empujó con el hombro.
Hoshi
apareciendo desde la cocina —¿Luciana? ¡Bienvenida! Soy Hoshi.
Hoshi era más bajo que ella lo había imaginado, con una sonrisa tan amplia que le arrugaba los ojos. Llevaba una camiseta negra, unos audífonos colgando del cuello y el entusiasmo de alguien que realmente estaba contento de verla.
Luciana
dejando la caja en el suelo —Hola. Perdón por el desorden, es que... bueno, toda mi vida está en estas cajas.
Hoshi
riendo —Tranquila. Aquí todos estamos en caos. Mira, te preparé una limonada. Bueno, es polvo de limonada, pero cuenta.
Luciana sonrió. No fue una sonrisa enorme, pero fue genuina. Tomó el vaso y bebió un sorbo mientras Hoshi se apoyaba en el marco de la puerta de una habitación.
Hoshi
—Todavía falta un roommate. Seguro no tarda en llegar. Se llama Mingyu, mi mejor amigo. Es un poco...
Hizo una pausa, buscando la palabra correcta.
Hoshi
—Grande. En todos los sentidos. Pero buena gente. Te va a caer bien.
Luciana
—Mm. Ya veremos.
Tomó otro sorbo y dejó el vaso sobre la mesa de la cocina. Después se ajustó la correa del bolso al hombro.
Luciana
—Bajo a buscar el resto de mis cosas. Si mi papá aparcó bien, hay como... cinco cajas más y una lámpara.
Hoshi
—¿Necesitas ayuda?
Luciana
—No, estoy bien. Ya bajo.
Salió del departamento con las llaves en la mano y el pasillo vacío frente a ella. La luz del atardecer entraba por la ventana del fondo. Las pisadas resonaban en el piso recién encerado.
Dobló la esquina con las manos llenas de su bolso y las llaves. Y de pronto, el impacto.
No lo vio venir. Literalmente. Solo sintió el golpe seco del hombro contra un cuerpo mucho más alto que el suyo, el ruido de una caja cayendo en el pasillo, y la sensación de que el mundo se desmoronaba a sus pies en forma de ropa doblada, libros y un cargador de teléfono rodando por el suelo.
???
agachándose de inmediato —Lo siento, ni siquiera te vi. ¿Estás bien?
Luciana estaba en el suelo, rodeada de sus pertenencias, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, una voz femenina la interrumpió.
???
—¿Mingyu oppa? ¿Eres tú? ¡Hace mucho que no te veía!
Luciana levantó la vista. La chica hablaba con él como si Luciana no existiera. Y él, que un segundo antes había estado a punto de ayudarla, se incorporó con una sonrisa natural, como si el mundo no se hubiera detenido para ella.
???
—Te fuiste del pueblo sin despedirte. Te tengo rencor por eso.
Kim Mingyu
riendo con facilidad —Tenías que ver la cantidad de cosas que tenía que organizar. Te juro que te iba a llamar.
Ella le dio un golpe juguetón en el brazo. Luciana, desde el suelo, sintió la sangre subirle a las mejillas. Tres segundos. Cinco. Diez segundos pasaron. Él no se agachó de nuevo. No le preguntó si estaba bien. No la miró.
Se incorporó sola, se sacudió los pantalones y recogió cada objeto en silencio, colocándolo en su caja con movimientos precisos pero tensos. La pareja seguía conversando unas palabras más adelante, inmersos en un reencuentro que no incluía a nadie más.
Cargó la caja, respiró hondo y regresó al departamento con la mandíbula apretada.
La puerta del 204 seguía abierta. Entró, y antes de que Hoshi pudiera saludarla, soltó lo primero que le vino a la mente.
Luciana
—Acabo de cruzarme con el tipo más idiota del mundo. Me tiró todas las cajas y ni siquiera fue capaz de darse vuelta a revisar si estaba bien. dejando la caja sobre la mesa Qué increíble.
Hoshi
parpadeando —¿Eh? ¿Qué pasó?
—Que se cruzó conmigo en el pasillo, me tiró todo, se disculpó con una sonrisa y después se puso a hablar con una amiga como si yo fuera parte del piso. suelta el aire con fuerza— Que hombre tan...
Se detuvo. Algo, quizá el instinto, quizá el silencio, la hizo levantar la vista hacia la entrada del departamento.
Ahí estaba. El mismo chico del pasillo. Alto, el cabello negro despeinado, una mochila colgando de un hombro. Se sostenía la correa con una mano y la miraba con una expresión entre avergonzada y entretenida.
El silencio se instaló en el departamento. Luciana sintió que sus oídos zumbaban.
Hoshi
rascándose la nuca, incómodo —Lu... él es Kim Mingyu. Nuestro tercer roommate... y mi mejor amigo.
Kim Mingyu
levantando la mano con una sonrisa torcida —Creo que empezamos con el pie izquierdo.