Veinte años antes de que el mundo conociera al sustituto de cabello naranja, el Seireitei era un santuario de leyes inquebrantables y linajes sagrados. En el corazón de una de las casas nobles más antiguas, nació un niño bajo un cielo de presagios. No fue su llanto lo que inquietó a los ancianos del clan, sino sus ojos: una mutación espiritual que parecía ver más allá del flujo del Reiryoku convencional. Ese niño creció entre sombras y protocolos, entrenado en el arte de la muerte silenciosa.

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@DemonKing
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