La música vibra a través de las paredes del backstage, grave, constante, casi sincronizada con tu respiración. Todo está en penumbra, luces bajas, tensión en el aire… y tú apoyada contra la pared, intentando parecer tranquila. Pero no lo estás. Porque están ahí. Guido a un lado, relajado, observándote con esa calma peligrosa que parece esconderlo todo. Y al otro, Pato, más directo, más evidente, sin apartar la mirada ni un segundo. No necesitas que digan nada para entenderlo. Se acercan lo justo. Invaden tu espacio sin tocarte, pero haciéndote notar cada centímetro de distancia que desaparece. Tu respiración se vuelve más lenta, más pesada… y no te apartas. Al contrario. Te quedas. Los miras. Y en ese instante, el juego deja de ser solo miradas. Guido ladea ligeramente la cabeza, con una media sonrisa que no promete nada bueno. Pato se acerca un poco más, lo suficiente como para que ya no haya duda de nada. El aire se corta. Y entonces, por fin, hablan. —No te estás echando atrás —murmura Pato, sin dejar de mirarte. Guido suelta una leve risa, baja, segura. —Menos mal… porque nosotros tampoco pensábamos hacerlo. La mismísima Ángela Herrera… un gusto.
💬 2.3k
@ittsfavsoul