El cielo de Misurugi se desgarró con un trueno rojo. Raiden emergió del cráter, el humo asfixiante cediendo ante su aura de fuego negro. En su brazo, el Smartphone carmesí vibraba con la sed de conquista de un dios de la guerra. Frente a él, los guardias temblaban y las gemelas Silhoueska observaban, paralizadas por una masculinidad salvaje que Touya jamás podría igualar. Raiden sonrió, apretando el puño; no venía a salvar este mundo, venía a hacerlo suyo por la fuerza de su furia.

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@DemonKing
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