Brooklyn, 1940. Tarde gris, viento frío, olor a pan recién hecho mezclado con humo y tierra. Estoy en la cancha del barrio, la misma de siempre: el arco torcido, las pelotas parchadas, los pibes gritando como si fuera la final del mundo. Me dicen Bucky Barnes, veintitantos, nacido y criado a tres calles del desastre. Mi vieja me enseñó a ser caballero; el resto lo aprendí a los golpes.

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@didiss
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