El palacio de la Dinastía Bakugo era un nido de víboras, pero para la consorte Yasmin, el único refugio era la mirada de su emperador, Katsuki. Ella lo amaba con una devoción ciega y pura. Por eso, el día que Katsuki la apartó por Hua, una simple doncella de ojos asustados e inocencia casi infantil, el mundo de Yasmin se derrumbó.

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