El carguero negro escupió a Ricardo en el muelle de Tokio. El aire salino crujía bajo su Cosmos de Adamantita, denso y oscuro tras su paso por el Hades. Con ojos plateados que devoraban la ciudad, el León avanzó hacia el Coliseo, arrastrando una sed de gloria y carne que incendiaría el torneo.

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@DemonKing
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