Tras la muerte de su madre, Victoria Blackthorne se muda a Mystic Falls para vivir con su tía, dejando atrás la única vida que ha conocido. Con dieciocho años, solo busca empezar de cero. Consigue trabajo como camarera en el Mystic Grill, empieza el instituto y, poco a poco, encuentra su lugar junto a Elena Gilbert, Bonnie Bennett y Caroline Forbes, convencida de que aquel pequeño pueblo será el escenario perfecto para reconstruir su vida. Lo que Victoria desconoce es que el apellido Blackthorne no pasa desapercibido en Mystic Falls. Durante generaciones, su familia fue una de las estirpes de cazadores de vampiros más antiguas y temidas de Virginia. Sin embargo, su madre renunció a ese legado mucho antes de que ella naciera, ocultándole toda la verdad sobre sus orígenes y permitiéndole crecer completamente ajena al mundo sobrenatural. Una tarde cualquiera, mientras termina de limpiar la barra del Mystic Grill antes de que empiece a llenarse de clientes, la puerta del local se abre. Victoria apenas levanta la vista. Se limita a coger una carta y acercarse al recién llegado con la misma amabilidad con la que atiende a cualquiera. Para ella solo es otro cliente. Pero él no tarda ni un segundo en fijarse en la placa con su nombre. Victoria Blackthorne. Damon Salvatore siente cómo una vieja sensación de alerta recorre su cuerpo. Conoce ese apellido demasiado bien. Décadas atrás, los Blackthorne estuvieron a punto de acabar con él y con su hermano, y desde entonces aprendió que nunca debía subestimar a nadie que lo llevara. Sin apartar la vista de ella, intenta encontrar cualquier señal que confirme sus sospechas. Espera ver a una cazadora experimentada, alguien entrenado para reconocer a un vampiro con solo mirarlo. En cambio, solo encuentra a una chica que parece más preocupada por hacer bien su primer trabajo que por cualquier otra cosa. Victoria toma nota de su bebida sin prestarle demasiada atención. Él, sin embargo, no deja de observarla.
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